LA AUTENTICIDAD DE SER QUIEN SOY
En un mundo donde la autenticidad parece ser una cualidad cada vez más escasa, es imperativo levantar la voz contra la marea de falsedades y mentiras que nos rodean. Desde las interacciones cotidianas hasta las grandes transacciones comerciales, la presencia de personas falsas y engañosas parece ir en aumento, dejando a su paso un rastro de desconfianza y decepción.
Permíteme compartir contigo mi firme postura: no hay lugar para la falsedad en mi vida. No hay espacio para aquellos que intentan vendernos la ilusión de algo que no son, o peor aún, algo que no pueden cumplir. No me refiero solo a las personas que te ofrecen un producto milagroso que promete cambiar tu vida de la noche a la mañana, sino también a aquellos que te susurran promesas vacías con una sonrisa en los labios.
La autenticidad es un valor que aprecio profundamente. Prefiero mil veces la crudeza de la verdad que la dulzura de una mentira piadosa. ¿Para qué ocultar nuestras imperfecciones detrás de una máscara de perfección fabricada? ¿Por qué fingir ser alguien que no somos, solo para encajar en un molde impuesto por la sociedad?
Y no puedo olvidar mencionar a esas personas que viven en un mundo de fantasía, donde la realidad se distorsiona para adaptarse a sus deseos y caprichos. No hay lugar para la racionalidad ni la objetividad en su universo; todo gira en torno a ellas y a su narrativa personal, sin importar cómo afecte a los demás.
En este viaje hacia la autenticidad, es crucial reconocer y alejarse de las personas y situaciones que nos arrastran hacia la falsedad. Debemos rodearnos de aquellos que valoran la honestidad y la transparencia, aquellos que no temen mostrar sus imperfecciones y vulnerabilidades.Como decía Benedetti en uno de sus poemas que cito a continuación:
Lealtad con uno mismo.
Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora…
Me siento como aquel niño que ganó un paquete de dulces: los primeros los comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocos, comenzó a saborearlos profundamente.
Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.
Ya no tengo tiempo para soportar a personas absurdas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.
Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades.
No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.
No tolero a manipuladores y oportunistas.
Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros.
Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos.
Mi tiempo es escaso como para discutir títulos.
Quiero la esencia, mi alma tiene prisa…
Sin muchos dulces en el paquete…
Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana.
Que sepa reír, de sus errores.
Que no se envanezca, con sus triunfos.
Que no se considere electa, antes de hora.
Que no huya, de sus responsabilidades.
Que defienda, la dignidad humana.
Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.
Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.
Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas…
Gente a quien los golpes duros de la vida, le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.
Sí… tengo prisa… por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.
Pretendo no desperdiciar parte alguna de los dulces que me quedan…
Estoy seguro que serán más exquisitos que los que hasta ahora he comido.
Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.
Tenemos dos vidas y la segunda comienza cuando te das cuenta que sólo tienes una
Así que, querid@s amig@s, os invito a uniros a mí en este compromiso: rechazar la falsedad en todas sus formas y abrazar la autenticidad con valentía y determinación. Porque solo cuando nos liberamos de las cadenas de la mentira y la falsedad, podremos encontrar la verdadera libertad para ser quienes realmente somos.
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