FLUIDEZ, ALEGRÍA Y FELICIDAD
En la entrada de hoy queridos amigos y queridas amigas quiero compartir con tod@s vosostr@s una parábola budista que dice así:
Hubo una vez un hombre que fue herido por una flecha envenenada. Sus familiares y amigos le querían procurar un médico, pero el hombre enfermo se negaba, diciendo que antes quería saber el nombre del hombre que lo había herido, la casta a la que pertenecía y su lugar de origen. Quería saber también si este hombre era alto, fuerte, tenía la tez clara u oscura, y también requería saber con qué tipo de arco le había disparado, y si la cuerda del arco estaba hecha de bambú, de cáñamo o de seda. Decía que quería saber si la pluma de la flecha provenía de un halcón, de un buitre o de un pavo real... Y preguntándose si el arco que había sido usado para dispararle era un arco común, uno curvo o uno de adelfa y todo tipo de información similar, el hombre murió sin saber las respuestas.
Buda utilizaba esta historia para concluir que, de una forma u otra, todos experimentamos el sufrimiento inherente a la existencia (representado por la flecha envenenada) y nos perdemos en el laberinto de nuestras dudas y preguntas, que no nos llevan a ningún destino claro. Desde que nacemos estamos continuamente muriendo, la flecha envenenada no es otra cosa más que eso. La verdadera demanda de la vida es que fluyamos, amemos y vivamos en plenitud.
Cuando nuestros pensamientos son esclavos, nuestras emociones también quedan atrapadas en su tiranía. Ambos deben ser liberados a través de una acción comprometida y decidida. Es por esto que Quevedo sostenía que la sabiduría no radica en conocer la ubicación del tesoro, sino en la voluntad de buscarlo incansablemente.
En la sociedad actual, observamos un aumento de los trastornos obsesivo-compulsivos, y las creencias preconcebidas nos impiden reconocer las múltiples oportunidades que nos brinda la vida.
Deberíamos atrevernos a mirar el mundo desde una perspectiva distinta de vez en cuando, como cuando los niños se inclinan y ponen su cabeza entre las piernas, transformando completamente su visión. En ese instante, el cielo parece estar adornado con árboles, y el suelo se convierte en un vasto azul salpicado de nubes. Esta experiencia de asombro nos permite romper con nuestras percepciones habituales y nos predispone a experimentar la sorpresa a través de una mirada renovada. Esta nueva perspectiva, por supuesto, aporta un enfoque distinto a las convenciones, rompe con patrones mentales arraigados, promueve visiones frescas y despierta la alegría al dar cabida a lo inesperado.
Marcel Proust argumentaba que la auténtica felicidad no radica en descubrir nuevas tierras, sino en contemplar el mundo con una mirada diferente. Un personaje de Paul Auster complementaba esto diciendo: "La gente dice que debes viajar para ver el mundo, pero a veces siento que si te quedas quieto y observas con atención, puedes presenciar todo lo que eres capaz de soportar". Y es en este cambio de perspectiva donde hallamos la alegría.
La felicidad nunca está distante, en otros lugares, ya que su esencia reside en nuestro interior y en las actividades a las que nos entregamos con pasión. Sí, pasión. No es una coincidencia que esta hermosa palabra derive del latín vocare, que significa "llamado del corazón".
En lo que respecta a la vocación, la fluidez y la alegría, Mihály Csíkszentmihályi, un destacado psicólogo y autor del libro "Fluir: la psicología de las experiencias óptimas", explica de manera elocuente que la clave para disfrutar de cualquier actividad que llevemos a cabo radica en experimentar ese estado de "flujo".
Pero ¿qué es el estado de flujo? Según el propio autor: «es esencialmente la capacidad de concentrar la energía psíquica y la atención en planes y objetivos de nuestra elección, y que se siente que vale la pena
realizarlos porque se ha decidido este tipo de vida, y se disfruta cada momento en lo que se hace». La alegría brota cuando entramos en un estado de total concentración y de entrega con aquello que estamos realizando.
Si no has encontrado todavía algo que te haga vibrar, que te permita fluir, haz como los niños: mira el mundo al revés, ensaya, experimenta, prueba. Es el modo de hallarlo.
Un abrazo de corazón a corazón
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