LA TEORÍA DE LAS VENTANAS ROTAS
En la entrada de hoy queridos amigos y queridas amigas quiero hablaros de una teoría que conocí a través de las enseñanzas de Alex Rovira y que considero que es una teoría de vital importancia para comprender ciertos aspectos de nuestro desarrollo personal. Se trata de la teoria de las ventanas rotas que a pesar de que yo conociera, como os he comentado anteriormente, de la mano de Alex Rovira, la teoría pertenece a Philip Zimbardo. Esta teoría surgió a partir del experimento que el psicólogo social de la Universidad de Stanford, Philip Zimbardo, realizó en 1969, gracias al trabajo de James Wilson y George Kelling. Su aplicación se extrapola a muchas áreas de nuestra vida, por lo que es interesante saber de qué va.
El experimento que Zimbardo llevó a cabo en 1969 consistía en dejar un coche usado, aparentemente abandonado, en un barrio pobre y conflictivo como el Bronx. Abandonó el vehículo deteriorado sin matrículas y con las puertas abiertas, para así observar el comportamiento de aquellos que se toparan con el coche. En diez minutos el coche fue desvalijado, y en tres días, desmontado y destruido.
Pero esa solo era la primera parte del experimento, pues la segunda consistía en dejar un coche en las mismas condiciones en un barrio rico y tranquilo, como en Palo Alto, California. ¿Y qué sucedió? Que mientras el coche tuvo un aspecto cuidado, nadie lo tocó, pero entonces Zimbardo lo golpeó y rompió algunas ventanas. Desde ese momento, los habitantes de Palo Alto se comportaron como los del Bronx, destrozando el coche a la misma velocidad.
La conclusión que extrajo del experimento fue clara: cuando los demás ven una ventana rota, un coche o edificio descuidado (también hablamos de nuestro propio templo, de nuestro cuerpo, mente y espíritu), reciben un mensaje inequívoco de abandono que dice: «A nadie le interesa cuidar de esto, romped lo que queráis».
En un primer momento se dio a esta teoría un sentido social, pero resulta revelador llevarlo al plano individual, puesto que en nuestra persona también existen elementos frágiles que podemos cuidar o bien declarar en estado de abandono para que sobrevenga la ruina. Veamos algunos ejemplos:
1. Cada vez que criticamos a una persona cercana, estamos rompiendo una ventana del edificio de nuestro círculo social, con lo que nuestro entorno se ocupará de romper las otras. Se empieza hablando mal de un amigo y la energía negativa se contagia hasta que acabamos hablando mal de todo el mundo, así como los demás de nosotros.
2. Al dejar de cuidar nuestro cuerpo y nuestra mente, nutriéndolo de basura y de pensamientos tóxicos, damos a nuestra alma un aviso de que «el capitán ha abandonado el barco» para que pueda vagar a la
deriva hasta estrellarse.
3. Cuando renunciamos a los sueños que han regido nuestra vida, aunque empecemos por uno solo, estamos transmitiendo a nuestro inconsciente el mensaje de que esa parte de nuestro mundo interior se
ha rendido y, por lo tanto, la prosaica realidad puede acabar con todas las ilusiones sin resistencia.
La ventana rota puede aparecer en nuestra vida profesional, en la pareja, en una relación de amistad o en el respeto que nos debemos a nosotros mismos. En todos los casos, la conclusión es la misma: si somos
conscientes del daño y no lo remediamos enseguida, el tiempo y el mundo se encargarán de que todo se venga abajo.
Amigos y amigas, hay que reparar la ventana rota cuanto antes y cuidar de los detalles, porque lo más grande de la vida se compone de cosas pequeñas.
Gracias por la revelación, doctor Zimbardo.
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