LA EDUCACIÓN ENCIERRA UN TESORO

La Educación encierra un tesoro

Queridos amigos y queridas amigas tras un período de descanso volvemos nuevamente a retomar las entradas de este blog: una maestra sin escuela, con un título sugerente como este que a su vez, fue el título que encabezó el  informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI, escrito  por Jaques Deloors, al cual podéis acceder desde el siguiente enlace: https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000109590_spa.

La educación encierra un tesoro maravilloso y estoy convencida que de eso todos y todas somos conscientes. Sin embargo, se nos olvida que el ser humano es del tamaño de la meta que se propone, de sus retos, de sus preocupaciones y de sus compromisos. Dónde situamos nuestro tesoro allí encontraremos nuestro corazón. Donde situemos nuestra acción, ahí encontraremos nuestra preocupación. Nuestra valía reside en lo que más tiempo y esfuerzo invertimos. Ser maestros/as es sobre todo promover el cambio social a través de nuestra acción, de nuestro trabajo, de nuestro compromiso y de nuestro AMOR por la educación y por los niños y las niñas.

Pensad en Ghandi. Su causa y su trabajo estuvo focalizado en la liberación de toda la India de millones de personas que estaban bajo el yugo del Imperio Británico. Su sueño era tan grande como sus ansias de libertad. Martín Luther King apostó por los derechos civiles de los negros y la igualdad entre todos los norteamericanos. Él repetía constantemente I have a dream o lo que es lo mismo: yo tengo un sueño y luchó por él. Simón bolívar era un joven de 22 años que se comprometió a no descansar hasta ver independizada a toda Latinoamérica del colonialismo. Somos del tamaño de la meta que nos proponemos, que no se nos olvide nunca.

Una vez un profesor de la facultad, cuando me surgieron dudas sobre seguir estudiando magisterio o abandonar, me dijo que no somos nosotros los que elegimos la vocación, sino que es la vocación la que nos elige a nosotros por alguna extraña razón. Y si observamos la vida, nos daremos cuenta como esta mantiene un equilibrio perfecto. El caballo tiene la potencia que necesita para recorrer largas distancias. El águila tiene el arrojo para lanzarse sin límites por las alturas. El árbol de mangos da frutos dulces. Ningún otro árbol da mangos, solamente él y a nadie se nos ocurre fabricar muebles con este árbol. No tendría sentido, su función es ofrecernos frutos dulces.

Vuestra función como maestr@s está en que los niños y las niñas sean felices mientras aprenden. Vuestro trabajo está en despertar la pasión, las ganas, el entusiasmo para que ellos y ellas vayan con ilusión a la escuela, para que se levanten y sientan la necesidad de ir, no la obligación, que sea la escuela un lugar donde puedan ser verdaderamente felices. Porque ser feliz es el primer paso para ser un buen ciudadano. Es el primer paso para generar conocimiento y pensamiento y es el primer paso para cambiar esta sociedad.

No podremos encontrar la felicidad mientras creamos que todo el problema está fuera, en el sistema, en las familias, en la falta de recursos. Por supuesto que hay grandes problemas en EDUCACIÓN, pero para cambiar lo de fuera primero tenemos que cambiar lo de dentro, tenemos que transformar nuestro corazón y el de los niños/as que vienen a la escuela o a los proyectos fuera de la escuela.

Recordemos siempre que podrán arrebatárnoslo todo, podrán rompernos la partitura, pero siempre, siempre nos quedará la melodía. Ahí en esa pasión sin límites, en esa entrega, en ese amor y en esa perseverancia hacia la educación, hacia vuestro trabajo y hacia los niños y niñas encontrareis vuestro tesoro.

 

 

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