LA COMPRENSIÓN DEL DOLOR AJENO EN EL TRABAJO EDUCATIVO

La comprensión del dolor ajeno en el trabajo educativo

En la entrada de hoy amigos y amigas quiero resaltar la importancia que tiene en el trabajo con las personas, ya sean niños/as o adultos, el poder de la comprensión.

Comprender el dolor ajeno es fundamental para trabajar como docente con personas que se encuentran en exclusión social o en riesgo de estarlo. Sin embargo, también es muy complicado tratar determinados aspectos del dolor humano y necesitamos estar muy preparados emocionalmente para no acabar nosotros/as heridos/as.

Cuando yo era niña me crie básicamente con mis abuelos maternos. Mi padre falleció siendo yo muy pequeña y mi madre tuvo que trabajar para poder sacar adelante a la familia, por esa razón yo permanecía en casa de mis abuelos. Mis abuelos eran personas de grandes valores humanos que me enseñaron desde bien pequeña la importancia de hacer siempre el bien y de ser una persona noble. Me educaron en el arte de ayudar en casa, ayudar a las personas mayores que se encontraban impedidas a cruzar la calle o incluso a llevarle la compra a su casa. A mí me gustaba mucho, y de hecho me gusta, ayudar a las personas que lo necesitan.

Un día iba por una de las calles del pueblecito donde vivía y vi un perro que acaban de atropellar. Hoy en día, esto no se ve por la calle, menos mal, pero en mi infancia era muy común ver perritos abandonados o atropellados. A este perrito le habían hecho daño en las patitas traseras, porque el coche había pasado por encima de él. Como el perrito estaba tirado en medio de la calle, pensé que lo mejor sería ponerlo a salvo para que otro coche no lo volviera a atropellar. Mi temor era que lo mataran ya que el perrito no podía levantarse.

Con mucho amor me acerqué al perrito para levantarlo de ahí y me clavó los dientes en las manos. Inmediatamente me llevaron al ambulatorio para ponerme una vacuna como prevención, por si el animal tenía la rabia. Rabia y tristeza era lo que yo tenía porque había intentado ayudar al animal y solamente había recibido una mordida.

Durante mucho tiempo no entendí porque el perro me había mordido si yo solamente quería salvarlo y no hacerle daño. No me lo podía explicar. Yo solo quería curarlo, lavarlo y llevarlo a casa de mis abuelos a ver si los convencía y me lo podía quedar. Esa fue mi primera decepción sufrida al intentar hacer el bien. Que alguien haga daño al que lo maltrata es normal y lógico pero que alguien haga daño a quien le intenta ayudar es incomprensible.

Pasaron muchos años hasta que comprendí que el perrito no me mordió, quien me mordió fue su herida. Ahora lo entiendo perfectamente. Cuando alguien está mal no tiene paz y está herido del alma. Si recibe amor o buen trato, muerde.

Debemos comprender el malestar de las personas con las que trabajamos. Cuando alguien grita, nos ofende, nos critica o nos hace daño no lo hace porque nos quiere mal sino porque está herido, se siente mal o algo malo está pasando en su vida. Ojo ese argumento no justifica ningún tipo de violencia. Me refiero a aquellas buenas personas que en un momento determinado nos hablan mal o nos contestan en un tono desagradable, pero de manera puntual y sin violencia. Con estas personas no vale de nada defenderse, ni criticarlas sino comprenderlas y ayudarlas.

Trabajar con personas requiere que nosotros mismos estemos muy trabajados. Nadie puede ofrecer a otro aquello que no lleva dentro. No puedo ofrecer amor, comprensión o ayuda si dentro de mí no hay amor, comprensión y bondad. No te puedo dar manzanas si dentro de mí lo único que hay son peras.

Amigos/as y maestros/as cultivemos en nosotros aquello que queremos que nuestro alumnado reciba. Los niños y las niñas como dice Mar Romera no aprenden lo que les decimos, nos aprenden a nosotros. Así que llenad vuestro corazón de aquello que queréis para vuestro alumnado.

 

 

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