A LOS QUE BUSCAN COSAS BUENAS...
A los que buscan cosas buenas
En la entrada de hoy queridos amigos y amigas quiero contaros un cuento. Un cuento que cada vez que lo leo tiene el poder casi mágico de levantar mi estado de ánimo cuando me siento triste. Porque en esta profesión como docente me he sentido triste muchas veces. En ocasiones mi tristeza se debe a que veo como otros compañeros docentes no le dan importancia a su trabajo cuando están ejerciendo dentro del sistema, en otras ocasiones porque veo que hay otros compañeros que aun estando fuera hacen más de lo que pueden por muchos niños y muchas niñas, pero se sienten fracasados porque no pueden ejercer la docencia dentro del sistema educativo, a pesar de haber aprobado unas oposiciones. En otras ocasiones tengo la sensación que somos tantos docentes en el mundo que no hay cabida para todos. Si alguien me preguntara si estudiar magisterio a día de hoy es una buena opción le respondería que estudie magisterio si verdaderamente cree en la educación, pero si lo que busca es una salida profesional o trabajar con menores fuera del sistema educativo ya os digo de antemano que no hace falta ser maestro para eso, con ser monitor de tiempo libre es más que suficiente. Si siento toda esta tristeza por la función docente no os quiero ni contar lo que siento por la psicopedagogía. Cuando estudias psicopedagogía crees que las salidas labores son múltiples, pero cuando te enfrentas al mercado laboral, el título de psicopedagogía os sirve única y exclusivamente para ponerlo en vuestro currículum. Hoy estoy triste, siento no poderos trasmitir mis palabras llenas de emociones bonitas, hoy no soy capaz. Por este motivo he decido contaros un cuento y contármelo a mí misma a ver si me levanta un poco la moral. El cuento es de Ricardo Bulmez, extraído de su libro: El arte de combinar el si con el no, un libro muy bonito con el que podéis trabajar con vuestro alumnado. Dice Jorge Bucay que los cuentos tienen la capacidad de hacer que los niños pequeños se duerman y que los adultos despierten así que esperando despertar y que la sociedad despierte os dejo con el cuento de hoy, el cazador de venados.
Pedro un experto cazador de venados invitó a su amigo Juan a una cacería con él. Una vez que Juan aceptó y se adentraron en la montaña, Pedro iba vigilante y pendiente de su rifle para disparar ante la inminente aparición del animal, pero Juan iba mirando nerviosamente a todas las partes, con el arma apuntando hacia el suelo.
- Pedro (gritó Juan) ¿Aquí hay culebras?
- No, no hay. Respondió Pedro con mucha firmeza.
Pero el inexperto Juan continuó nervioso porque temía la aparición de una serpiente. Sorprendido ante algo que pisaba y se movía, gritó despavorido: ¡Pedro aquí hay una serpiente!
- Eso no es una serpiente, es una planta, gritó su amigo Pedro sin dejar de estar atento.
Pero el aficionado Juan, sumamente asustado y sudando de miedo, todavía sentía que algo se movía bajo sus pies y gritó de nuevo: ¡Pedro, cuidado eso si es una serpiente! El experto cazador se volvió hacia él y le dijo perdiendo la paciencia:
- Amigo, ¿Tú que has venido a hacer aquí? ¿Has venido a cazar venados o culebras?
El que va a la montaña a cazar venados los encuentra ¿por qué? Porque los hay. En las montañas hay venados y, si no, los inventa. Un buen cazador no se viene de la montaña con las manos vacías, si no caza una buena presa, trae un buen cuento y dice: ¡Mira, se me presentó un venado de por lo menos 100 kilos! Le disparé, salió corriendo con la herida y por eso no pude traerlo.
Y si no caza una buena presa, ni trae un buen cuento, entonces va a la carnicería más próxima y compra unos 100 kilos de cordero fresco, pero no regresa con las manos vacías, algo trae.
El que va a la montaña a buscar culebras las encuentra ¿Por qué? Porque las hay y, si no, las inventa o se las imagina, pero no se viene sin culebras. Y si no las ve, elabora también su cuento: ¿Mira se me apareció una culebra de 5 metros y si no corro me hubiera mordido y estaría muerto porque seguro que era venenosa! Y si de verdad no hay culebras cualquier ramita o cualquier planta se convierte para él en una de ellas.
Así pasa en la vida. El que viene a vivir para cazar venados los encuentra. El que viene a buscar la felicidad la encuentra, porque la felicidad está aquí, la vida tiene momentos bonitos y placenteros, os lo digo yo. Para el que viene a buscar la alegría, cualquier momento es momento para disfrutarla, aunque ese momento sea doloroso. Y si no encuentra la felicidad, se la inventa. Pero no se va de este mundo sin conseguirla.
También pasa al revés. El que viene a esta vida a buscar culebras, las encuentra, el que viene a buscar tristeza, la encuentra, porque en esta vida también existe la tristeza. Por supuesto que hay momentos tristes, como el mío de hoy sin ir más lejos. Y como en el ejemplo anterior el que quiere ver la tristeza también la ve porque si no la ve se la inventa. El que busca la amargura, la encuentra, porque también existe en la vida. El que busca defectos en los demás, los encuentra, porque todos tenemos defectos. Si buscamos cosas buenas en la gente, también las encontramos, porque la gente también tiene cosas buenas.
Recordad siempre esta lección: el que busca encuentra siempre lo que busca, no lo que existe.
Si llenáis vuestro corazón de eso que estáis buscando, lo encontrareis. O al menos eso espero yo.
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