LA IRA, UNA LOCURA DE CORTA DURACIÓN O NO
La ira, una locura de corta duración.
En la entrada de hoy hablaremos de otra de las emociones básicas que junto a la tristeza y el miedo forman parte de las que denominamos the big three, los tres grandes, tal y como comentábamos en una entrada anterior.
La ira es una de las emociones más destructivas que existen porque su finalidad es prepararnos para el ataque. Generalmente aparece cuando sentimos vulnerados nuestros derechos, nuestra integridad o ante aquellos valores, ideas y personas que nos han hecho algo que no están en consonancia con lo que nosotros consideramos justo.
Por ser una de las emociones más intensa podemos encontrar múltiples sinónimos de esta emoción que se encuentran en consonancia con el grado de intensidad de la misma. De esta manera hablar de ira sería también hablar de rabia, enfado, hostilidad, cólera, violencia, furia, indignación, animadversión, rechazo, etc., cada una con sus matices, como es evidente.
Así como la tristeza nos remitía a una pérdida y por tanto a un pasado, el miedo nos remitía a una huida y por tanto a un futuro. En el caso de la ira, podemos observar cómo nos remite a un ataque y por tanto nos va a hablar de un tiempo presente. Es una de las emociones básicas que más energía moviliza porque para defendernos a nosotros mismos debemos de llevar a cabo ciertas acciones.
Es curioso como la ira se ha visto desde diferentes corrientes espirituales y religiosas como un pecado. Sin ir más lejos en la religión católica se considera la ira como uno de los pecados capitales. Desde mi punto de vista, esta consideración de la ira como pecado tiene una finalidad preventiva, en parte, por el poder destructivo que esta conlleva y, en parte, como forma de prevención en temas de salud, ya que la ira mantenida en el tiempo aumenta la frecuencia cardiaca, la presión sanguínea y la tensión muscular.
El problema de la ira no es la ira en sí, sino que hacemos con aquello que nos causa ira. La ira es necesaria sentirla para poder luchar ante las injusticias, pero si no somos capaces de autorregularnos ante esta emoción podemos llegar a la violencia. Por esta razón consideramos la ira como una de las emociones más peligrosas puesto que su finalidad es destruir.
Cuando sentimos ira no somos capaces de razonar y es que como bien afirman múltiples autores: cuando la emoción está alta, la razón está baja. La lección más importante respecto a esta emoción es que aprendamos a gestionarla de forma sana y que comprendamos que no estamos a su disposición. Como seres racionales tenemos la capacidad de conocernos en profundidad y saber cuál es nuestro nivel de activación ante una injusticia, es decir podemos luchar por nuestros derechos sin llegar a destruir con nuestras palabras o con nuestros actos a alguien. Una buena educación emocional consiste en trabajar nuestro autocontrol emocional y analizar las causas que nos producen esa irascibilidad. Tal vez, la ira nos aparezca cuando estamos cansados/as, tal vez aparezca cuando estamos en peligro, si nos sentimos inseguros/as, si existe algún complejo que debamos trabajarnos o si, por el contrario, es que nos gusta salirnos siempre con la nuestra y tener la última palabra en todo.
Trabajar la ira dentro y fuera de la escuela, a través de estrategias de autocontrol y gestión de las emociones nos evitará muchos conflictos con nuestro alumnado. Además, generaremos un clima mucho más confiable y cálido dentro del aula donde no habrá tensión y en el caso de haberla se sabrá encontrar una solución democrática.
Trabajar la empatía, practicar el respeto, no ceder al resentimiento, realizar técnicas de relajación son algunas acciones que podemos trabajar en el aula. No acostumbra a ser eficaz en la regulación de la ira: darle vueltas al problema, ya que genera más ira; desfogar la ira ya que las explosiones suelen reforzar el círculo vicioso de la ira estimulándola; imponer calma a la persona airada, cuando la ira está en pleno apogeo en general actúa como reforzador del enfado; negar la ira ("no, si no estoy enfadado"); no darse permiso para sentir enfado y sentir culpa o vergüenza por experimentar esta emoción o rebelarse contra esta emoción e intentar ocultarla. Como decía Shakespeare, la ira es un veneno que uno toma, esperando que muera el otro.
Para finalizar me gustaría hacerlo con un pequeño cuento budista que trata la ira como tema principal. El cuento dice así:
Un monje al que le gustaba meditar en silencio, decidió un día subirse a un bote y remar hasta el centro de un lago. Allí estaría mucho más tranquilo y podría meditar mejor. Ya estaba en el centro del lago y cerró los ojos. ¡Qué paz se respiraba!
Pero de pronto, cuando estaba en la fase más profunda de sus reflexiones, algo golpeó su barca y le desconcentró. Le molestó tanto que pensó:
– En cuanto abra los ojos, se va a enterar la persona que me golpeó.
Estaba tan furioso… Sin embargo, al abrir los ojos, solo vio una barca vacía, que seguramente arrastró el viento a la deriva hacia allí. Entonces se dio cuenta de que la ira no venía del exterior, sino que residía en él.
– Cada vez que me enoje con alguien- pensó- recordaré que ese enfado está dentro de mí.
Amig@s y maestr@s que no se nos olvide nugnca está lección. Recordad que no podemos ver aquello que no llevamos dentro. Para poder reconocerlo fuera debo haberlo sentido en mi interior. Que los momentos de ira que experimentéis sean para que luchéis contra las injusticias y podáis llegar a ser la mejor versión de vosostr@s mism@s. Para nada más tiene sentido la ira.
Comentarios
Publicar un comentario