Y TÚ...A QUÉ TIENES MIEDO
Y tú… ¿A qué tienes miedo?
En la entrada de hoy hablaremos sobre otra de las emociones básicas: el miedo. Las emociones básicas son 6: tristeza, miedo, ira, asco, alegría y sorpresa. Iremos hablando de cada una de ellas para poder advertir este lenguaje emocional que a veces tanto nos cuesta comprender. El lenguaje emocional podríamos compararlo con el lenguaje musical. Cuando vemos a un músico leer una partitura nos parece magia. Esa forma en la que descodifica cada nota y la convierte en un sonido con la ayuda de un instrumento. Pero al igual que para leer música hace falta saber solfeo para leer las emociones hace falta educación emocional.
El miedo es una de las emociones que junto a la tristeza y a la ira forma parte de lo que se conoce como the big three, los tres grandes. Son tres emociones que tienen un significado profundo que debemos conocer para comprender a l@s otr@s y a nosotr@s mism@s.
En primer lugar, explicaremos que el miedo al igual que la tristeza tiene un por qué, un para qué y un tiempo. Si la tristeza nos hablaba de una pérdida y por tanto hacía referencia a un pasado, el miedo nos habla de una huida y por tanto hace referencia a un futuro.
Como emoción básica tiene un papel fundamental en la supervivencia de la especie. Si los seres humanos nunca hubiésemos experimentado miedo, la raza humana se hubiera extinguido hace mucho tiempo. El miedo como todas las emociones tiene una función, defendernos ante un peligro real que pone en riesgo nuestra vida.
Po tanto, hablar de miedo es hablar de supervivencia, de hecho, la supervivencia humana ha sido el resultado de sentir miedo y tratar de resolverlo. Si los seres prehistóricos no hubieran tenido miedo a un oso, se hubieran acercado a él con curiosidad y el oso habría acabado devorándolos.
El principal problema que nos encontramos hoy en día como sociedad es que confundimos el miedo con la ansiedad. La ansiedad se presenta ante un peligro posible pero poco probable. Por ejemplo, cuando una persona nos dice que tiene miedo de subir a un avión, eso no es miedo es ansiedad. Efectivamente puede ocurrir que el avión, tenga un accidente y se precipite al vacío pero generalmente es mucho más seguro viajar en avión que en coche, por lo tanto viajar en avión podría entrañar un riesgo posible, sí, pero poco probable.
Lo mismo ocurre con much@s alumn@s que tienen miedo a hablar en público, ante sus compañeros y compañeras. Realmente lo que les ocurre no es miedo, es ansiedad. Pensad en qué daño le pueden ocasionar sus compañer@s. Sin embargo, cuando nuestros circuitos cerebrales toman el mando de la situación y sentimos un miedo muy intenso, nuestro cuerpo reacciona ante el miedo y generalmente sentimos dos consecuencias físicas que pueden llegar a ser desagradables. Podemos tener ganas de vomitar o de ir al baño. Estas consecuencias físicas son absolutamente normales y forman parte del mecanismo de defensa del miedo que preparando nuestro cuerpo para la huida se asegura de que para salir corriendo del peligro que nos acecha, tengamos la barriga vacía.
Cuando los miedos se vuelven muy intensos se pueden convertir en fobias, al igual que la tristeza cuando se mantenía mucho en el tiempo daba lugar a depresión o a otras patologías. En el caso de las fobias hablamos de agorafobia, cuando la persona presenta un miedo a las multitudes o a los espacios exteriores, como salir a la calle, chronofobia cuando la persona presenta miedo al tiempo y así podríamos seguir hasta llegar a las 470 fobias que existen. Sin embargo, hay algunas fobias que calificadas como tal, no lo son tanto y me refiero, por ejemplo, a la homofobia, xenofobia y a la fotofobia. Las dos primeras más que guardar relación con el miedo, guardan relación con el odio, la tercera está en consonancia con un problema físico del ojo hacia la luz.
Uno de los mecanismos que much@s seres humanos utilizan para paliar esta emoción de miedo cuando se presenta es la evitación. Como dice Víctor Amat la evitación es una solución bastante eficaz, a priori. Pero como todo en la vida, el veneno está en la dosis y la verdadera sabiduría sería encontrar la dosis adecuada. Por ejemplo: Si tuviste una mala experiencia en el dentista, ¿crees que es una buena opción evitarlo toda la vida? A veces, nos sucede justamente eso, cuanto más tememos algo, más lo evitamos y cuanto más lo evitamos las consecuencias son peores. El miedo se hace cada vez más grande. La evitación abraza al miedoso como te abrazaría alguien que se está ahogando y se convierte en una prisión para aquel o aquella que la sufren.
Los miedos se gestionan desde el autoconocimiento a través de una buena educación emocional. Mirando hacia dentro de nosotros mismos, con un trabajo personal y afrontando esos fantasmas que nos acechan una y otra vez en nuestra mente.
Trabajar los miedos con nuestro alumnado es una tarea importante de Educación Emocional. Al igual que todos los niños y todas las niñas pueden sentir la tristeza por la pérdida, también pueden sentir el miedo. Pueden tener miedo a la oscuridad, miedo a que les ocurra algo malo a sus seres queridos, a perderse, a los perros grandes, a los desconocidos, a los insectos, etc. Recordemos que el miedo es una de las emociones más poderosas que nuestras mentes pueden crear. Es tan poderosa que puede obstaculizar nuestra capacidad de pensar, hacer que nuestra voz tiemble cuando hablamos e incluso forzar una reacción física como temblores o inmovilidad. Hay miedos evidentes, como muchos de los mencionados anteriormente, pero hay otros que no lo son tanto, y por eso como maestr@s, dentro y fuera de la escuela hay que estar atentos a las señales de alerta que nos pueden indicar que algo no va bien. Entre estos signos, encontramos las regresiones, es decir, comportamientos y conductas que no corresponden con la etapa de desarrollo en la que se encuentran l@s niñ@s. Problemas de sueño, como pesadillas, despertares y miedos nocturnos, desmotivación y apatía o impulsividad.
A la hora de afrontar el miedo en nuestro alumnado es importante intentar identificar la causa y trabajar de manera conjunta con las familias.
Como decía Marie Curie: nada en la vida debe ser temido, solamente comprendido. Ahora es el momento de comprender más para temer menos.
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