POR QUÉ ESTOY TRISTE: CUANDO LAS LÁGRIMAS VIENEN DEL CORAZÓN Y NO DEL CEREBRO

 

Por qué estoy triste: cuando las lágrimas vienen del corazón y no del cerebro

En la entrada de hoy vamos a hablar de una de las emociones básicas que a lo largo de la vida experimentaremos en más de una ocasión: la tristeza. Considero que hablar de las emociones y sobre todo comprenderlas nos ayuda a conocernos mucho mejor a nosotros mism@s así como también nos ayudará a conocer y conectar con nuestro alumnado.

Todas las emociones tienen un por qué, un para qué y un tiempo. Forman parte de un lenguaje que nos está dejando entrever algo que en ocasiones no llegamos a comprender de manera racional. Nos ofrecen información altamente valiosa y no son positivas o negativas. Coincido con Mar Romera en afirmar que todas las emociones son necesarias en nuestro desarrollo personal. Las hay más agradables de experimentar, como la alegría, y las hay más desagradables de sentir como la tristeza.

La tristeza es una emoción que está vinculada a una pérdida y por tanto nos habla de un tiempo pasado. Aparece cuando tomamos consciencia de que hemos perdido algo que para nosotros era valioso, por ejemplo, un trabajo, la salud, una amistad, una pareja, etc. Por lo tanto, la tristeza tiene una función esencial, que no sigamos perdiendo más y por ello nos aboca a una inactividad, como mecanismo de defensa y protección para preservar aquello que tenemos y no seguir en una pérdida continuada. De esta manera bajamos el ritmo y en vez de estar pendientes de lo que nos rodea pasamos a indagar dentro de nosostr@s mism@s y a centrarnos en la emoción.

Es importante que esto suceda, porque desde ese estado de introspección productivo podemos reflexionar sobre lo que nos ha ocurrido y extraer de esas vivencias los aprendizajes oportunos que puedan servirnos. Como dice Alex Rovira, el sufrimiento debe ser productivo, si no es productivo no tiene sentido sufrir.

La tristeza nos posibilita un tiempo para curarnos las heridas, pero así como considero necesario experimentar la tristeza ante una pérdida, también considero necesario sacudirse el polvo y volver a alzar el vuelo. Porque la tristeza mantenida durante un tiempo prolongado puede dar lugar a la depresión o a otras patologías. Si nuestra tristeza surge por una pérdida significativa, generalmente aparecerá el duelo. El duelo es un proceso natural gracias al que aprendemos a situar la pérdida y a seguir viviendo sin lo perdido. Cada persona requiere un tiempo para superar la fase de duelo, sin embargo, no podemos alargarlo mucho o correremos el riesgo de caer en un duelo patológico, mal sanado.

Comprender nuestras emociones, nos hace poder comprender las emociones de nuestros semejantes y en este caso de nuestro alumnado, porque aunque sean niños y niñas, ellos y ellas también sienten la tristeza por la pérdida. Pueden perder una mascota, un abuelito o incluso un padre o una madre y trabajar correctamente las emociones en Educación es una tarea imprescindible como maestr@s dentro y fuera de la escuela.

La Educación emocional ha entrado a formar parte del nuevo Curriculum educativo, pero no podemos caer en el riesgo de que se convierta en un contenido más. No me debe servir como pretexto para hacer fichas sobre el tema. La Educación Emocional debe ser un latido que nos acompañe en todo nuestro quehacer docente porque es más fácil construir niñ@s fuertes que reparar adultos rot@s.

Querid@s maestr@s educar la mente sin educar el corazón, no es educar en absoluto. Está en nuestra mano hacer más bella la vida de aquell@s que nos han sido confiad@s. Trabajemos las emociones en el aula de manera transversal y si dudáis y tenéis que elegir entre varios caminos, elegid siempre el camino del corazón, porque quien elige el camino del corazón, no se equivoca nunca.

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