EL AMOR, UNA NECESIDAD VITAL
El amor es una necesidad vital: los 4 tipos de apego
En la entrada de hoy vamos a hablar sobre la forma de vinculación que mantenemos con l@s otr@s y de cómo esa vinculación está determinada por lo que denominamos apego.
Cuando hablamos de apego, hablamos de una variable que marca nuestra forma de relacionarnos con el mundo, pero especialmente marca nuestra forma de relacionarnos con aquellas personas que verdaderamente son importantes en nuestro mundo.
El apego se define como la forma en la que hemos sido queridos y valorados en nuestra infancia por aquellas figuras que ejercieron su rol de cuidadores, bien hayan sido madres, padres, abuelos, abuelas, etc. Cómo de seguros nos hicieron sentir estas figuras en nuestra más tierna infancia, cómo nos mostraron su afecto y qué estabilidad percibimos nosotros en ese proceso. Por decirlo simple y llanamente hablar de apego es hablar de que, así como nos han querido, nosotros seremos capaces de querer. La figura de apego debe tener tres características fundamentales: la aceptación incondicional, la capacidad para hacernos sentir protegidos y cuidados y por último la intimidad que esta figura nos ofrece entendida como la capacidad de apoyo y comunicación emocional.
Para nuestra tranquilidad, solamente existen 4 tipos de apego que, mantenidos en nuestra infancia, marcarán la forma de relacionarnos con los/as otros/as en nuestra vida adulta. Ya es tarea de cada uno y cada una saber en cuál de ellos se encuentra.
El primer tipo de apego y el más positivo de todos es el apego seguro. Su origen se establece cuando la figura del cuidador es incondicional, nos atendió de manera correcta y eficaz tanto en nuestras necesidades físicas como emocionales haciéndonos sentir seguros y confiados. Este primer tipo de apego se verá reflejado en la edad adulta de cada niño o niña a través de la madurez que establezca en las relaciones de amistad y de pareja. La persona que ha sido tratada con este tipo de apego seguro, no sentirá en ningún momento el miedo al abandono.
Un segundo tipo de apego es el apego ansioso o ambivalente. En este tipo de apego la forma de relación que el niño o la niña han establecido con su cuidador principal ha sido un tipo de relación intermitente, en la que han predominado momentos afectivos junto a otros momentos de despreocupación y frialdad. Ante esta ambivalencia el niño o la niña no sabe que sentir. En ocasiones se siente amad@ y en otras abandonad@. Como consecuencia de esta relación aparece una sensación continua de inseguridad que puede llegar a generar una cierta ansiedad. Ante esa inseguridad el niño o la niña intentará buscar la aprobación constante de sus padres por miedo al abandono. Como podréis imaginar cuando se convierta en adulto sus relaciones estarán invadidas por un cierto grado de ansiedad y como consecuencia de la misma puede llegar a desarrollar relaciones de dependencia y sumisión.
El tercer tipo de apego es el apego evitativo. En este caso la figura del cuidador principal no ha sido capaz de estar presente en la vida del niño o la niña cuando este/a lo necesitaba. Esta relación mantenida con el adulto hace pensar al niño/a que no puede contar con el amor y la seguridad del adulto y comienza a pensar que no debe depender de nadie porque nunca nadie estará ahí cuando él o ella los necesite. Son niños/as que se convierten en autosuficientes, sin embargo, no es una autosuficiencia sustentada en la madurez, sino que se asienta en una necesidad de supervivencia, por lo que bajo esa coraza de “no necesito a nadie” se esconde mucho miedo, soledad y sufrimiento. Cuando estos/as niños/as crecen, sus relaciones personales, se caracterizarán por evitar la intimidad, a toda costa, ya que no confiarán del todo en la persona que esté ahí para ellos/as y en consecuencia harán suya la frase de: la mejor defensa es un buen ataque, prefiriendo siempre abandonar al otro/a antes de ser abandonados/as.
Por último, nos queda la forma más destructiva de apego con la que podemos encontrarnos. Estamos hablando del apego desorganizado. Este tipo de apego se caracteriza por ser una mezcla del apego ansioso y del apego evitativo, con lo cual ya podéis imaginar lo destructivo que puede llegar a ser. Para ciertos autores este tipo de apego representa la ausencia total y absoluta de la capacidad de vincularse con otros/as. En este caso el niño o la niña ha sido tratado de manera violenta, agresiva o negligente, por parte de sus cuidadores. Estamos hablando de niños y niñas que incluso han podido ser víctimas de abusos sexuales y han sentido el abandono físico y emocional. A pesar de este mal trato recibido por parte de los cuidadores, observamos como el niño o la niña se siente obligado a permanecer cerca de este cuidador, bajo unos sentimientos de ansiedad, ira y miedo. Sin embargo estos/as niños/as necesitan sentirse queridos/as y ganarse el amor del cuidador/a, a pesar del miedo que le tienen. Estos/as niños/as de adultos no sabrán amar, pero tendrán que aprender a hacerlo o sus relaciones no serán unas relaciones sanas. Tendrán tendencia a evitar la intimidad por miedo a ser agredidos/as y cuando por fin encuentren alguien a quien querer pueden ocurrir dos cosas: que se sientan bloqueados en esa relación porque afloren sus sentimientos de frustración o que repitan los patrones de maltrato.
En definitiva, la forma en la que nos apegamos a nuestros cuidadores principales marca nuestro idioma afectivo. Cómo nos acariciamos, cómo nos dedicamos tiempo, cómo nos hablamos, cómo vivimos la cercanía física, tanto para bien como para mal. La buena noticia es que independientemente de nuestro estilo de apego podemos trabajarlo y alcanzar patrones relacionales sanos y positivos. Como dice una frase de desarrollo personal: ve en busca de la luz y la oscuridad desaparecerá.
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