ANDRAGOGÍA: EDUCACIÓN DE PERSONAS ADULTAS
Cuando te sientas feliz, mira al fondo de tu corazón, y verás que lo mismo que te dio dolor, te está dando alegría. Cuando te sientas triste, mira otra vez dentro de tu corazón, y verás que en verdad estás llorando por aquello que te había dado placer.
KHALIL GIBRAN
En la entrada de hoy vamos a sondear un camino pedagógico que, como
maestra sin escuela, he transitado durante varios años: la andragogía, es decir, la educación con personas adultas.
Como os comenté la mayor parte de mi trayectoria profesional ha ido enfocada a trabajar con colectivos vulnerables. Dentro de estos colectivos no solamente he trabajado con menores en exclusión social, sino que también he trabajado con mujeres en diversas situaciones de vulnerabilidad social. Mujeres que sufrían y que no encontraban la luz, mujeres que habían vivido situaciones dramáticas y que habían perdido toda esperanza de volver a ser felices.
Sin embargo, todas las dificultades pasan, querid@s amig@s, y un día, tal y como yo les decía a estas mujeres, echareis la vista atrás y entenderéis que el sufrimiento actual es un aprendizaje para la vida. El dolor nos puede llevar a la consciencia, y la consciencia nos permite vivir con más lucidez, viendo y aceptando lo que es.
Con ellas frecuenté el camino del autoconocimiento y el desarrollo personal, para abrir las puertas a otras formas de pensar, de vivir, y de atravesar el mundo que nos rodea. Todas estas mujeres me enseñaron que, si fuéramos siempre felices, seríamos incapaces de entender los matices del alma humana. No podríamos tener empatía con quien está desahuciado, con quien sufre mal de amores o con quien llora la pérdida de un familiar o de un amigo. Podemos latir con ellos/as justamente porque hemos vivido su dolor y eso ha ampliado nuestro horizonte de sensibilidad y humanidad. Con todas estas mujeres entendí que el dolor puede hacernos sabios/as, lo cual no significa que debamos quedarnos en él. Como decía Buda, toda enseñanza es como una barca para pasar a la otra orilla. Una vez que la alcanzamos, no tiene sentido seguir cargando con la barca. Debemos seguir adelante.
En estas sesiones que mantuve con ellas trabajamos la actitud ante la vida, la ternura, la felicidad, el dolor, el sufrimiento, el amor, la amistad, la esperanza, la reconciliación, el perdón, la gratitud, la generosidad, la entrega, la alegría de vivir, diferentes tipos de meditación y las creencias limitantes, ya que hemos acumulado tantos mensajes negativos sobre la existencia que somos incapaces de apreciar el milagro constante de la vida. Para volver a nuestra alegría originaria, necesitamos pasar por un proceso en el cual desaprendemos estas creencias limitantes y nos llenamos de una actitud positiva.
Iremos relatando cada una de las experiencias pedagógicas que mantuvimos con estas mujeres en diferentes entradas de este blog. De momento os dejo con dos preguntas y un cuento que trabajamos como inicio de las sesiones de autoconocimiento con las mujeres. Las preguntas son las siguientes:
1. Si no tuvieras miedo, ¿qué harías?
2. ¿Qué es lo que amas y te hace feliz?
Finalizamos con el cuento:
Un genio de la lámpara, liberado casualmente por un pescador que comprueba sus redes, dice a su salvador:
— Pide tres deseos, es tu recompensa. ¿Qué deseas en primer lugar?
El pescador, sorprendido y superado por la situación, dice:
—Quisiera ser lo bastante inteligente como para elegir los otros deseos lo mejor posible.
—Que así sea —responde el genio—. ¿Qué deseas, ahora, en segundo y tercer lugar?
El pescador medita un instante antes de dirigirse al genio de nuevo:
—No necesito nada más. Gracias.
Cuanto más mayor me hago, más me doy cuenta de que menos es mucho más, como indica el sabio cuento. Nos vemos pronto queridos y queridas maestros y maestras.
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