LA SORPRESA, LA ÚLTIMA DE LAS EMOCIONES BÁSICAS Y UNA GRAN OLVIDADA
La sorpresa, la última de las emociones básicas y una gran olvidada
Con la entrada de hoy ponemos punto y final al tema de las emociones básicas, que como mencionamos son 6: alegría, ira, asco, miedo, tristeza y sorpresa.
La sorpresa es una de las emociones básicas que, en ocasiones, puede pasar inadvertida tal vez por su ambigüedad. De hecho, en la película Inside out directamente no aparece, pero nosotros consideramos que es muy importante sobre todo por la capacidad que tiene para generar aprendizajes.
Como emoción la sorpresa, es la más breve de todas y será agradable o desagradable en función del acontecimiento que la haya generado. Nosotros siempre decimos que la sorpresa es una emoción bisagra. Su función es la de darnos un breve espacio de tiempo para analizar una situación y poder reaccionar de forma adecuada ante ella. Por este motivo la sorpresa se manifiesta físicamente con la apertura de los ojos y la elevación de las cejas que nos permite ampliar nuestro campo visual facilitando un análisis rápido de la información que llega a través de nuestros sentidos. Una vez que nuestro cerebro ha procesado toda la información dará paso a la emoción de miedo, ira, asco, tristeza o alegría que acompañen al acontecimiento producido por la sorpresa.
Respecto a la educación, la sorpresa tiene un gran poder en el aprendizaje. Ramón Barrera inventó un término que a mi personalmente me parece fantástico: sorprendizaje, lo que quiere decir que sin sorpresa no hay aprendizaje.
Todos y todas sabemos, porque está más que demostrado, que sin emoción no se produce el aprendizaje. Cuando le preguntamos a un niño o una niña qué han hecho en el cole y te responde que no ha hecho nada, no os preguntáis cómo se puede estar 8 horas en la escuela y no hacer nada. O cuando les preguntáis qué han hecho en el cole y te responden lo mismo de ayer, el cole es un aburrimiento, etc., etc. Estas expresiones de indiferencia hacia el aprendizaje son contraproducentes si de verdad queremos conseguir un cambio educativo que, a su vez, repercuta en nuestra sociedad a través de los niños y las niñas que serán los futuros/as ciudadanos y ciudadanas
Actualmente, vivimos en una sociedad en la que casi nada nos sorprende, estamos anestesiados con tanta noticia devastadora, hasta el punto que en ocasiones parece que nos hayamos convertido en seres inmunes al dolor ajeno. Y esto querid@s maestr@s es un problema, porque si no somos capaces de sorprendernos estamos perdiendo la capacidad principal para aprender. Cuando se produce la sorpresa automáticamente se activa la curiosidad y cuando aparece la curiosidad se da paso al deseo porque surgen estímulos nuevos que nos guían hacia la voluntad de saber. Por todos estos motivos, coincidimos con Ramón Barrera, al que os aconsejamos que visualicéis, en que debería existir una palabra que se llamara sorprendizaje.
Dejar espacio al asombro y a la sorpresa supone estar abiertos a lo nuevo, a aprender de lo que no conocemos, saber que hay un mundo por descubrir. Darnos permiso para sentir la sorpresa nos posibilita el tomar conciencia de que todo aquello que desconocemos y podemos llegar a conocer puede hacer que nuestra vida cambie de rumbo y que sucedan cosas nuevas. Esto, como afirma Dalia Diez, requiere dejar la puerta abierta a experimentar nuevas experiencias, nuevos aprendizajes, nuevas personas, nuevas emociones, etc.
Existen personas a las que les encanta esta emoción de sorpresa y a otras a las que les pone muy nervios@s. Esta ambivalencia de reacciones ante la sorpresa es un indicador de cómo gestionamos los imprevistos en nuestra vida. Debemos ver en la sorpresa un aprendizaje, una experiencia, una oportunidad o un reto y ser conscientes que hace falta elevar la dosis de esta emoción para que se produzcan los aprendizajes tanto en la escuela como fuera de ella. No podemos permitir que nuestro alumnado se aburra soberanamente en las clases, porque como decía John Archibald: si no te ha sorprendido nada extraño durante el día, es que no ha habido día.
Maestros y maestras debéis promover la sorpresa en vuestro alumnado, para posibilitar la ilusión, la curiosidad y el amor hacia el aprendizaje. Si no lo hacemos correremos el riesgo de estar contagiando a los niños y niñas del peor mal de escuela que conozco: el aburrimiento y si se aburren en clase es fácil que desconecten y sin interés, motivación y trabajo… solo es cuestión de tiempo que llegue el fracaso escolar, el abandono de los estudios o el rechazo a seguir estudiando más allá de la educación estrictamente obligatoria.
Para combatir con el aburrimiento y favorecer la sorpresa podemos encontrar actividades que le resulten más atractivas, tener en cuenta sus intereses personales para introducirlos en el aula, hacer preguntas y plantear retos para que los resuelvan en lugar de darles las respuestas para que las memoricen, introducir en el proceso de enseñanza-aprendizaje elementos que sean de su interés como actividades interactivas, actividades al aire libre basadas en el movimiento, fomentar el aprendizaje cooperativo y el trabajo en equipo… Si lo que tenemos que aprender, de entrada, no nos llama la atención, al menos, hacer que las clases sean divertidas y las actividades resulten atractivas ayudará a lidiar con el aburrimiento y dará espacio a la sorpresa.
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