LA ALEGRÍA, EL PRIMER PASO PARA LA FELICIDAD

 

La alegría, el primer paso para la felicidad.

Muchas personas se pierden las pequeñas alegrías mientras aguardan la gran felicidad

Pearl S. Buck

En la entrada de hoy trataremos otra de las emociones básicas fundamentales que da sentido a nuestra vida y promueve el bienestar: la alegría.

La alegría es una de las emociones que no necesita autorregulación, pues cuanta mayor alegría haya en nuestra vida mayor será la sensación de gozo que experimentemos.

Generalmente la alegría aparece tras un acontecimiento que es interpretado de manera positiva, como, por ejemplo: lograr un objetivo, mantener relaciones de amistad satisfactorias, tener experiencias exitosas, etc. Ciertamente para todos los seres humanos, independientemente de su sexo, cultura o creencia, las mayores alegrías que experimentarán en sus vidas estarán relacionadas con el amor. Sin embargo, el amor, no es una emoción porque no es una respuesta adaptativa. El amor es un sentimiento que tiene que ser lúcido y sobre todo pensado. El amor no es ciego, como bien expresa Alex Rovira, es el deseo lo que es ciego porque es un mecanismo de reproducción de la especie humana.

En la vida, la alegría y el sentido del humor nos ayuda a ver el lado cómico de la realidad en la que estamos inmersos. La palabra humor viene de la medicina griega. Para los griegos antiguos la salud estaba sostenida por la teoría de los cuatro humores que eran: la bilis, la flema, la sangre y la atrabilis. El humor que hacía referencia a la sangre era el que presentaba un carácter humorístico. Cuando una persona presentaba mala salud, se decía que esa persona estaba de mal humor y de ahí que, esa expresión, estar de mal humor, siga perdurando en nuestros días.

Son múltiples los beneficios que se obtienen manteniendo una postura optimista ante la vida y un buen sentido del humor. La alegría, el humor y la risa contrarrestan las emociones más desagradables, intensifican la confianza en uno mismo y en los demás, nos preparan para el placer, reducen el estrés y bajan la tensión.

En 1986, David Snowdon, un investigador y profesor de neurología en la Universidad de Kentucky, inició un estudio sobre la enfermedad de Alzheimer que aportaría una concepción nueva de la enfermedad. El autor del estudio quería investigar si el sentido del humor y la alegría retrasaban la aparición y el desarrollo de esta patología. Para llevar a cabo este estudio pensó que sería oportuno llevarlo a cabo en un convento de clausura con un grupo de monjas ya que de este modo tenía controladas todas las variables posibles, por la homogeneidad del grupo. (las monjas se levantaban a la misma hora, comían lo mismo, tenían los mismos hábitos y rutinas horarias, etc.).  Llamó al proyecto “El estudio de las monjas” y se centró en un grupo de 678 monjas católicas ubicadas en distintos conventos de en Estados Unidos. El estudio de carácter longitudinal llegó a la conclusión de que aquellas monjas que presentaban una actitud positiva ante la vida reducían en un amplio porcentaje la posibilidad de desarrollar Alzheimer y vivían una media de 15 años más que las monjas que tendían hacia un estado vital pesimista. Podéis leer el estudio de este investigador en un libro titulado 678 monjas y un científico.

Como podemos observar, la alegría es una de las emociones más valoradas y que por supuesto tiene connotaciones muy positivas en nuestras vidas, pero hay que ser conscientes de que la alegría no se corresponde con la felicidad. En ocasiones la alegría puede ser el resultado de un incremento de dopamina en nuestro organismo y es aquí donde hemos de tener cuidado porque la dopamina es altamente adictiva. Si confundimos la alegría con la felicidad, que es un estado del ser, corremos el riesgo de buscar continuamente ese subidón de energía que provoca la dopamina, cuando la felicidad es otra cosa.

A la felicidad podemos llegar por muchos caminos, aunque parezca paradójico, podemos estar tristes y ser felices. La felicidad es más bien un sentimiento de bienestar que se mantiene en el tiempo. Cada día me encuentro a muchas personas que me dicen que quieren ser felices, pero no saben cómo. ¿Será que la misma necesidad de ser felices genera infelicidad? Yo estoy de acuerdo con Álex Rovira en que este es un enigma que solo se responde hablando con muchas personas, de diferentes países y bajo diferentes prismas. Nacemos ingenuos y felices, y la paradoja es que vamos dejando de serlo a medida que buscamos la felicidad en los objetos, en la materia pero, como bien dice Carlos Nessi, la felicidad está en valorar lo que tienes.

Volviendo a la emoción de la alegría podemos tomar consciencia de que esta emoción nos aguarda en las pequeñas cosas de la vida para contarnos al oído que a través de ella podemos ser felices. Y es que es realmente difícil ser felices si nos pasamos la vida buscando continuamente en qué consiste la felicidad. Porque la felicidad no es un lugar al que llegar, es más bien una manera de transitar el camino. No es un destino, es un indicio que aparece al caminar. Y mientras hay quienes se dedican a perseguir la felicidad, otros la crean amando, sirviendo, educando, desarrollando su conciencia, procurando cuidar lo esencial o brindando alegría a quienes les rodean tanto dentro como fuera de la escuela.

Un experto en risoterapia decía en una entrevista que ríe más un bebé que un niño, un niño que un joven, un joven que un adulto y un adulto que un viejo. Por alguna extraña razón, con el tiempo vamos restringiendo nuestra alegría, la plenitud y la energía que son naturales en el niño se ven mermadas con el paso del tiempo. Este don que tenemos de fábrica se va limitando con la edad. Efectivamente, amig@s y maestr@s nuestra vida será o no será, en gran medida, según lo que hagamos con ella. Será aquello que decidamos en cada momento, desde la consciencia y la inclinación a entregarnos a nuestra propia vida y a la de los demás de manera generosa. Porque, querid@s amig@s, la vida se fundamenta en nuestra actitud, ya lo decía Viktor Frankl, y podemos elegir que sea una actitud de alegría para que el paso del tiempo no afecte a esta emoción tan positiva.

Todas las creencias que hemos ido construyendo a nuestro alrededor, como docentes, acerca del sistema educativo, de los aprendizajes, de las leyes educativas y que ahogan nuestra alegría son una coraza de la que debemos deshacernos porque, de lo contrario, pueden convertirse en verdaderas profecías de destrucción masiva. Se cuenta que una vez preguntaron a Miguel Ángel cómo lograba hacer aquellas esculturas tan bellas. El genio renacentista respondió que las figuras ya estaban dentro de la piedra, lo único que él hacía era descubrirlas, quitar lo que sobraba, decía. Esto nos ofrece un método muy eficaz para deshacernos de todo lo que aprisiona nuestra alegría en la escuela y fuera de ella. La sonrisa de un niño/a que es feliz en la escuela no tiene precio, pero la sonrisa de un maestro/a que es feliz en la escuela, tampoco.

Llenemos las aulas de alegría, de risas compartidas, de abrazos, de besos y caricias. Lleguemos al aprendizaje desde el optimismo, con ternura, con cariño, siendo capaces de hacer como hacía Miguel Ángel con sus esculturas quitar lo que sobra y darle paso a la alegría para que nuestra vida sea en gran medida lo que hacemos con ella.

Para finalizar solamente me gustaría que pudiéramos llegar a entender que la alegría no es solo una emoción, es mucho más que eso. En realidad, es nuestra identidad y nuestra naturaleza esencial, que se expresa cuando nuestros miedos, vanidades y creencias limitantes no la tapan.

 

 

 

 

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