CUANDO LA GRATITUD ES UN MENSAJE QUE PUEDEN OIR LOS SORDOS Y VER LOS CIEGOS

Cuando la gratitud es un lenguaje que pueden oír los sordos y ver los ciegos

En la entrada de hoy vamos a hablar sobre la emoción de la gratitud. Como ya he mencionado en varias entradas anteriores me siento profundamente agradecida a la vida por la oportunidad de poder ejercer mi profesión e ir creciendo cada día, como persona y como profesional, a través de mi propia reflexión docente.

Nuestro cerebro es una máquina especializada en identificar peligros y amenazas. Precisamente la selección natural, de la que tanto hablaba Darwin, favorece la supervivencia de la especie, pero no le asegura la felicidad.

No obstante, a día de hoy, tod@s podemos afirmar, que vivimos en un mundo mucho más seguro, sin embargo, nuestro cerebro que es bastante primario centrará su atención en todos los problemas que capte a su alrededor. Además, resulta curioso que todos los problemas que podemos presentar en nuestro día a día, requieren atención y trabajo, mientras que todo lo bueno que tenemos en la vida lo disfrutamos sin esfuerzo.

Sin apenas darnos cuenta, nuestra atención condiciona nuestra emoción. Si ponemos nuestra atención en lo que nos falta, nos sentiremos mal pero si ponemos nuestra atención en lo que tenemos, sentiremos gratitud.

No podemos pasar nuestros días esperando grandes acontecimientos porque la vida está hecha de pequeños momentos. Un café, una comida, una reunión familiar, un abrazo, una mirada, una sonrisa. Si aprendemos a valorar lo que tenemos y sobre todo aprendemos a darle la dignidad que le corresponde nos sentiremos mucho más plen@s y en consecuencia seremos mucho más felices y podremos hacer felices a los demás.

En el ejercicio de la profesión docente debemos hacer una introspección a nivel personal y recordar que vamos a entregar a nuestro alumnado aquello que nosotros y nosotras llevamos dentro. Como dice Mar Romera, los niños no aprenden lo que decimos, nos aprenden a nosotros. Somos modelo y ejemplo a seguir tanto dentro como fuera de la escuela. Por tanto, si queremos que los niños y las niñas sean agradecidos, los primeros que debemos trabajarnos la gratitud somos nosotros mismos.

Como decía Hércules, en la vida somos nosotros los que elegimos nuestro camino, un camino fácil o un camino con propósito. ¿Qué eliges? Considera además que las decisiones fáciles en el presente generan vidas difíciles en el futuro.

Reflexiona, trabaja en tu propio autoconocimiento, medita, escúchate, agradece cada día, vive en el momento presente y aporta al mundo y a tus alumnos/as lo mejor que haya en ti.

Namasté

 

 

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