LA FLOR QUE NUNCA TUVO UN COLOR

La flor que nunca tuvo un color

Cada día cuando voy a trabajar a la ONG donde realizo mi trabajo y me meto en el aula, me siento una privilegiada porque para mí es como sumergirme en una piscina infinita de imaginación y de ilusión de las cuales me nutro. Y junto a la autodeterminación y la actitud que son imprescindibles para entrar al aula no podemos olvidar otras cualidades importantísimas: la ilusión, la creatividad, la magia y la emoción. ¿Para qué quiere un niño o una niña saber dónde colocar Júpiter si no sabe dónde colocar su tristeza? ¿Por qué no fomentamos la creatividad en vez de mutilarla definitivamente? ¿Por qué no se escucha a l@s niñ@s? Ellos y ellas tienen las mejores respuestas. Los niños y las niñas son creativos cuando nos hacen preguntas.

Creatividad es interrogar las respuestas. Existe una historia maravillosa que pone de manifiesto justamente esto que estamos comentando. La historia es la siguiente: Cuentan que una vez un alumno se acercó a su maestro para preguntarle ¿Las montañas, los ríos y las estrellas, de dónde vienen? A lo que el maestro respondió y ¿De dónde viene tu pregunta? Las preguntan contienen dentro de sí mismas su propia sabiduría, su propio conocimiento y su propia consciencia. Las preguntas nos abren al conocimiento de las respuestas Debemos dejar a l@s niñ@s preguntar porque cada respuesta que ellos y ellas van obteniendo va dejando el espacio para una nueva pregunta. Como dice José María Toro: “si cada cosecha arranca un trocito de suelo, cuando es recolectada, cada pregunta arranca un trocito de nuestra conciencia de manera que la siguiente pregunta nos lleva más abajo, más profundo”. Por eso el verdadero maestro y la verdadera maestra no responden inmediatamente, sino que interrogan cada respuesta.

Cuando hablo de creatividad no puedo evitar acordarme de una maestra de Educación Infantil que en una de sus clases les dijo a los niños y las niñas que debían pintar una flor. No les preguntó nada acerca de la flor.No les enseñó a ver la belleza que había en ella, ni salieron a ver flores al patio, ni se le ocurrió mostrar la simetría que podían contener sus hojas. Lo único que los niños y las niñas debían hacer era pintarla sobre el papel. Pero la cuestión era que no podían pintarla como quisieran, sino que en cada pétalo de la flor debían realizar un trazo determinado que ella les decía. De este modo los pétalos de la flor estaban formados por trazos que representaban las almenas de un castillo. ¿Dónde habéis visto una flor en cuyos pétalos hay almenas de castillos dibujadas? Si la maestra quería trabajar el trazo de castillos, ¿por qué no hizo un castillo? Nunca lo llegué a comprender y creo que l@s niñ@s tampoco. Intentando hacer las cosas bien, hay mucho que nos queda todavía por comprender, pero si algo es fundamental y no sé si es tan obvio que al final acabamos obviándolo es que la educación no es un sistema mecánico. Es un sistema humano.

Fomentad las preguntas, indagad en las respuestas, escuchad a l@s niñ@s, acercad la escuela a la vida, trabajad la creatividad y nunca pintéis almenas en una flor.

 

 

 

 

 

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