CARTA A UNA MAESTRA O EL LIBRO NEGRO DE LA ENSEÑANZA

 

Carta a una maestra o el libro negro de la enseñanza

 

Quiero empezar la entrada de hoy con una reflexión de Rubem Alvés un pensador y `pedagogo brasileño que faltó hace unos meses. Este autor nos decía lo siguiente: “Estoy pensando hace un tiempo en proponer un nuevo tipo de profesor: es un profesor que no enseñe nada. El objetivo de la educación no es enseñar cosas, porque las cosas ya están en Internet, están en los libros y están por todos los lugares”. Estamos totalmente de acuerdo con esta reflexión y agregamos que cada maestr@ debe enseñar no aquellos contenidos que los niños y las niñas pueden tener accesibles desde internet sino que un/a maestr@ debe enseñar a pensar y a crear en el niño y la niña una alegre curiosidad que incite su aprendizaje. Un/a buen maestr@ no enseña desde el cerebro del que explica, enseña desde el cerebro del que aprende.

En educación necesitamos por encima de todo, la adopción de una actitud: la de dejarse sorprender, la de abrirse a los interrogantes, la de atender y escuchar lo que la realidad nos muestra, la de explorar el sentido o los sentidos y los sinsentidos de la experiencia, y de las condiciones en las que tales experiencias se experimentan.

Y alcanzada esa actitud nos daremos cuenta que necesitamos educar para la vida. Porque es para eso que uno aprende, para poder vivir mejor, para tener más placer, para tener más tiempo, para no arriesgar y en definitiva para ser feliz. Y es en este punto que coincido con todas aquellas corrientes pedagógicas que abogan por una educación emocional y emocionante como dice Mar Romera. Para educar hace falta que la emoción esté presente en cualquier contexto y en cualquier lugar. Sin emoción no se puede producir el aprendizaje, porque para aprender algo, hace falta que te sorprenda, que te enganche, que te provoque…aquello que nos parece aburrido no nos despierta la curiosidad para aprenderlo.

Muchas veces en la escuela se olvidan de lo más importante y es que en las escuelas hacen falta maestr@s que estén preparados para enseñar desde el cerebro del que aprende, como decíamos anteriormente, y eso implica escuchar a los niños y las niñas, porque son nuestros silencios los que conquistan su voz. Pero el papel de la escuela, en muchas ocasiones, es que los niños escuchen, no que nosotros escuchemos a los niños.

Y claro, esto lo cambia todo. Si l@s niñ@s tienen que callarse, escuchar, entender lo que l@s maestr@s explican para repetirlo, todo se convierte en una pedagogía ridícula que no consigue llegar a ningún tipo de interés, de pasión ni de emoción y esto, empobrece mucho, el proceso de aprendizaje y la educación en general.

Para finalizar quisiera recomendaros un libro, a tod@s  l@s maestros con escuela o sin escuela, para que nos sirva como reflexión final a la entrada de hoy, el libro se titula: Carta a una maestra.

Cuando leí este libro, mi idea de la educación se afianzó aún más si cabe, porque la idea principal del libro es la siguiente: la escuela no puede suspender. La escuela es para los últimos y tiene que aprobar. En definitiva, la escuela debe promover el sentido. Maestros y maestras estemos donde estemos, dentro o fuera de la escuela, hagamos más bella la vida de aquellos que nos han sido confiados.

Os dejo un fragmento de la sinopsis del libro y el enlace para quién lo quiera descargar en pdf

https://links.uv.es/yrTMvT2

En este “libro negro de la enseñanza” está la voz de los que no intervienen en las grandes decisiones, de los que no cuentan a la hora de establecer leyes y que, por el contrario, su lectura demuestra cuán interesante sería que fuera conocido por todos, desde el ministro hasta el último alumno, pasando por directores generales, secretarios, padres y maestros, siendo adoptado como libro de cabecera hasta casi aprenderlo de memoria

 

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