UNA MENCIÓN ESPECIAL: A MIS NIÑOS Y NIÑAS CON TODO MI AMOR, VOSOSTROS SOIS MIS MEJORES MAESTROS/AS
Dedico esta entrada en el blog a las niñas y niños con los que trabajo cada día. Son ellos y ellas, sus nombres, sus miradas, sus manos al escribir, sus posturas al leer, sus caricias y abrazos, su entrar en clase, los tonos de sus palabras y de sus silencios, los que ‘encarnan’ y pueden dar testimonio de todo cuanto aquí puedo contaros.
Gracias a ellos y ellas he comprendido aquello de que ‘los niños/as son las únicas personas que deberían ser tratadas de usted’ y que ‘cada persona es una Palabra de Dios que no se repite nunca’”.
Antoine de Saint-Exupéry daba en el blanco cuando afirmaba “Si queremos un mundo de paz y de justicia debemos poner la inteligencia al servicio del amor”. De esta manera, el amor y la comprensión en un maestro o maestra se deben conjugar para servir, desde la empatía y desde la voluntad de construir un bien común. Porque, como dice Alex Rovira si la cultura y la verdad nos hace libres, el amor y la voluntad nos hacen fuertes, y la unión de todos ellos hace que esta vida que nos ha tocado vivir sea más plena y llena de sentido.
Como dice José María del Toro, ser maestro es un oficio peculiar, que no está al alcance de todos porque implica ser médico del alma, enfermero de los pesares del corazón, escultor de carácteres, arquitecto de edificios de personalidad de sus alumnos y alumnas, sembrador de futuro, recolector de presentes y defensor de causas justas y nobles.
Por esa razón, una sociedad que se considere sabia reservaría el magisterio solamente a los mejores. No a los que mas saben, sino a los que más aman. Porque cada día las familias te entregan lo que más quieren.
Para ser maestr@ es necesario ser BUENA PERSONA
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